Roma, 23 de abril de 2025 – En una solemne madrugada en la Casa Santa Marta del Vaticano, ha fallecido hoy el papa Francisco, a la edad de 88 años, tras una breve pero intensa batalla contra una neumonía complicada. Su muerte cierra un capítulo extraordinario en la historia de la Iglesia católica: el pontificado del primer papa latinoamericano, cuya humildad y cercanía al “hermano pobre” marcaron un antes y un después en el Vaticano y en el mundo.
De Buenos Aires al Trono de Pedro
Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en el barrio de Flores, en Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Tras graduarse en química y trabajar brevemente como técnico de laboratorio, sintió el llamado religioso y entró al noviciado de la Compañía de Jesús en 1958. Era un provincial jesuita austero, reputado por su espíritu de servicio y su afición a preparar mate para quienes lo rodeaban.
1969: Ordenación sacerdotal.
1992: Nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires.
2001: Creado cardenal por Juan Pablo II.
13 de marzo de 2013: Elegido papa, adoptando el nombre de Francisco en honor al santo de Asís y con la clara misión de cuidar “a la Iglesia pobre y para los pobres”.
Un pontificado de “primero los últimos”
Desde su primera homilía, el papa Francisco rompió moldes. Eligió no instalarse en el Palazzo Apostolico sino vivir en el modesto hogar de Santa Marta; sus viajes eran más frecuentes a barrios periféricos que a palacios; y su estilo, directo y a menudo sorprendente, lo convirtió en un referente moral para muchos fuera de los muros eclesiásticos.
Reformas internas: Impulsó una mayor transparencia financiera y una reestructuración de la Curia.
Enfoque social: Defensor de la justicia climática, dialogante con otras confesiones y abierto a los divorciados vueltos a casar.
Mensaje profético: Con su encíclica Laudato si’ (2015) y Fratelli tutti (2020), apeló al cuidado de la Casa Común y a la fraternidad universal.
Legado y el futuro de la Iglesia
El vacío que deja Francisco es inmenso: su estilo sencillo, su preocupación por las periferias existenciales y su llamado persistente a la conversión ecológica y social marcaron un giro en la Iglesia del siglo XXI. A partir de mañana, los cardenales se reunirán en cónclave para elegir a su sucesor, en un escenario lleno de preguntas:
¿Mantendrá la Iglesia el rumbo de descentralización y diálogo?
¿Cómo preservarán y profundizarán su énfasis en la justicia social y la reforma interna?
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, ya ha anunciado un día de oración y reflexión en el Vaticano antes del inicio del cónclave, que previsiblemente se celebrará dentro de 10 a 15 días.
Francisco deja tras de sí una Iglesia más abierta a los pobres, más consciente de su deber con el planeta y más comprometida con el encuentro fraterno. Sus gestos –como lavar los pies a presos, abrazar enfermos de sida o recibir a refugiados en el aeropuerto de Roma– quedarán para siempre como estampas de un pontificado que supo encarnar la simplicidad evangélica.
