Pekín, 23 de abril de 2025 – El Gobierno chino anunció hoy su decisión de rechazar toda cláusula de nuevos acuerdos internacionales que, a su juicio, menoscabe sus intereses comerciales y tecnológicos. La medida llega tras meses de intensa presión del expresidente estadounidense Donald Trump, quien impulsó aranceles y medidas antidumping para contener la expansión de productos chinos en el mercado de Estados Unidos.
Un pulso que viene de Washington
Desde su llegada a la Casa Blanca en 2017, Trump emprendió una estrategia de “America First” que incluyó la imposición de aranceles suplementarios al acero, al aluminio y a una amplia gama de manufacturas procedentes de China. En su afán por forzar concesiones, llegó a amenazar con dejar sin efecto el Tratado Comercial entre ambas potencias y con imponer restricciones a inversiones chinas en sectores estratégicos.
Ante este escenario, Pekín respondió con aranceles de represalia, denuncias en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y un giro decididamente pragmático en su diplomacia económica. Tras la victoria de Joe Biden en 2020, muchos esperaban un deshielo; sin embargo, las tensiones han permanecido bajo una nueva retórica de “competencia responsable”.
El rechazo oficial de Beijing
El portavoz del Ministerio de Comercio, Li Wei, declaró en conferencia de prensa:
“China no aceptará condiciones en ningún pacto internacional que pongan en riesgo su soberanía económica o restrinjan su desarrollo tecnológico. Defenderemos con firmeza nuestros derechos legítimos.”
Entre los puntos objeto de veto figura la exigencia de limitaciones al subsidio estatal, cláusulas de transferencia forzosa de tecnología y controles que impidan la inversión de empresas estatales en terceros mercados. De paso, Pekín ha puesto en suspenso su adhesión a un nuevo tratado de seguridad cibernética impulsado por países occidentales, argumentando que podría “erosionar la privacidad y la competitividad de sus compañías nacionales”.
Hacia un nuevo enfoque multilateral
En respuesta, Pekín ha invitado a una cumbre regional de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) para promover un “pacto de cooperación inclusiva”, en el que no se requieran cesiones de propiedad intelectual ni restricciones a las inversiones estatales. Asimismo, anunció el despliegue de su moneda digital en transacciones cross-border, buscando esquivar el dólar como moneda de referencia.
De cara al futuro, queda por ver si este rechazo bloquea definitivamente a China de nuevas plataformas de gobernanza global o si, por el contrario, sirve de catalizador para la creación de pactos alternativos en Eurasia y África. El desafío, en todo caso, es mantener un delicado equilibrio entre la defensa de la autonomía nacional y la participación activa en el comercio mundial.
Con este paso, Beijing deja claro que no está dispuesta a ceder un ápice cuando percibe un ataque directo a su crecimiento estratégico. El pulso con Washington, aún tras el mandato de Trump, continúa marcando la agenda de una China que se redefine como potencia que negocia de igual a igual.
